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Yo no soy my aficionado a los deportes, nunca lo he sido. Creo que mi mayor afición ha sido hacia el béisbol y siempre en sus justa medida. Sigo el tenis cuando agarro un partido en televisión, sigo el fútbol cuando hay un mundial y sigo la F1 desde que Pastor Maldonado está corriendo con alguna escudería.

No lo sigo porque sea aficionado al deporte como tal ni mucho menos al personaje en cuestión. Tampoco caigo en esa trampa de apoyar lo venezolano por ser yo venezolano. Al principio lo seguía para ver si lograba puntuar, lograr algún podio o ganar una carrera. Ganó el gran premio de España en 2012 y ese ha sido su único podio. Del resto han sido puntuaciones mínimas y actuaciones bastante deprimentes, al punto de existir un sitio en donde se puede ver si ha chocado el día en curso: http://hasmaldonadocrashedtoday.com/

Es, naturalmente, la comidilla de la prensa de motores, los aficionados y la tuitósfera venezolana. Hay de todo. Apoyo, odio, envidia y cualquier cantidad de razonamientos, válidos o no. Pero personalmente, yo sigo la pequeña sección de la F1 que incluye su carrera como piloto, porque me embriago de entusiasmo y gozo cuando se estrella, abandona o sale por cualquier razón y no puede continuar. Y esto, de ninguna manera, es por envidia, odio, saña o maldad. No, el placer proviene porque su fracaso decidido y constante no hace más que enaltecer a aquellos numerosos venezolanos honestos que aún existen dentro y fuera del país.



Porque él, aún con el multimillonario patrocinio de PDVSA y el manto de todo un petro-estado, no es capaz de hacer absolutamente nada para alejarse de la zona de chistes y sarcasmo de los periodistas y aficionados ni mucho menos acercarse a la bandera a cuadros o a la zona de puntos. Mientras que, por el contrario, aún existen venezolanos que poco a poco, con las uñas y con bolívares, lo están logrando en Venezuela, un terreno baldío en donde se arman montoneras y escaramuzas por productos de primera necesidad. Un lote de tierra sin estado de derecho y sumido en una crisis moral y social sin precedentes. Y ni hablar de los que venden sus pertenencias poco a poco para armar la balsa y huir al extranjero en busca de las oportunidades que esta malandrocracia les niega.

Porque aún hay muchos de nosotros quienes conformamos esa extraña clase social que no ha sacrificado su dignidad ni la de los suyos por prebendas del estado chavista. Porque permanecemos incólumes ante las arremetidas que buscan doblegar nuestra moral, fomentar la desesperanza y el miedo con el firme despropósito de controlar cada aspecto de nuestra vida y hacernos dependientes de las migajas en sus manos. Si ponemos todo esto y más en perspectiva, podemos ser del tamaño que queramos por el solo hecho de no claudicar ante la voracidad y la maldad de estos resentidos.

Mientras que Pastor, con todos los millones de dólares que PDVSA puede derrochar en él, con todo el equipo técnico detrás de él en cada carrera y con todas las bondades, excesos y comodidades que se pueden ofrecer a un hombre por solo pertenecer a la disciplina deportiva que representa la antítesis del beneficio de las mayorías, de la defensa de los pobres, de los pueblos y de los excluídos, no puede.

Pastor no puede dejar de ser el chiste. Pastor no puede terminar una carrera. Pastor no logra puntos. Pastor saborea la gravilla todos los domingos. Pastor solo quiere irse temprano.

Por eso es que cada domingo yo busco las noticias de la F1 y estoy segurísmo que leeré que Pastor Maldonado no finalizó la carrera, que chocó o generó un choque múltiple. Y cada vez que lo leo me siento bien, me entra un fresquito. Porque no soy él, porque soy un venezolano que hace todo lo posible para lograrlo aquí, sin papá estado, sin millones de dólares.

A Raúl Alonso...

  Hola Raúl Alonso, para cuando leas esto ya no serás un retoño, tendrás unos 15, 16 o 18 años y quizás ya ni usarán el correo electrónico o los teléfonos móviles para comunicarse. No sé qué forma o fondo tendrá el mundo, no sé si ya los carros vuelen o podamos tener vacaciones en la Luna, lo que si espero es que esta carta te encuentre sano y fuerte, como no tengo dudas que será.

  Te escribo hoy domingo, 20 de julio de 2014, aquí en Venezuela se celebra el día del niño y yo siempre tengo algún mensaje para todos los niños, tanto para los grandes como para los chicos. Pero hoy te lo dedico a ti, porque tus papás me han permitido quererte a ti y a ellos como a nada en el mundo. Ellos me permitieron el honor de ser tu tío, así como ellos serán tíos de mis hijos. Te divertirás un montón diciéndole a tus amigos que tienes primos chinitos =)

  Pero te escribo porque es día del niño y muchas personas cuando llegan a cierta edad sólo piensan en cómo ser adultos y olvidan algo más importante y es cómo seguir siendo niños. Porque, verás, ser niño es más que una etapa de la vida, una de la que muchos se apresuran en salir y no en disfrutar. Ser niño es, antes que nada, descubrir, conocer por primera vez, maravillarse ante lo grandioso de las cosas más sencillas de la vida, abrir los ojos bien grandes cuando aprendemos algo nuevo. Ser niño también es sonreír y reír, a carcajadas si es posible. Sonreír y dar nuestra mejor cara antes de los buenos días, reír y hacer reír a otros, a tus padres, a tus amigos, a tu novia, a tu gato, a tu vecino. Ser niño es correr, hacia ningún lugar en específico, con los brazos al aire y la mirada al frente, correr para sentirse libre, para sentir que puedes alcanzar cualquier cosa, para sentir que de un momento a otro puedes salir volando. Ser niños es ser obstinado, terco, necio, insistente. Es preguntar sobre cualquier cosa, es dudar de todo, es querer saberlo todo. ¿Por qué hay pimentones rojos, verdes y amarillos?, ¿Por qué el sol es amarillo?, ¿Por qué el agua se ve azul?, ¿Por qué los árboles son verdes?

  Yo no quiero que dejes de ser niño cuando seas un adulto. No quiero que abandones el placer de descubrir cualquier cosa cualquier día, ni mucho menos dejes de sonreír sin importar cualquier situación adversa que enfrentes. Tampoco debes dejar de correr, porque para alcanzar tus sueños debes correr y debes correr tan rápido que tienes que volar. Y lo más importante es que nunca dejes de cuestionar todo, siempre busca el por qué de las cosas, porque conociendo las razones y los motivos de lo que sucede a nuestro alrededor es, casi siempre, la clave para conocernos a nosotros mismos.

   Lanzo este mensaje en una botella al mar y sé con seguridad que te encontrará feliz y con los tuyos. Espero que te encuentre camino a un destino desconocido pero excitante, sea por mar, por aire o por tierra. Espero te encuentre viajando, disfrutando de la jornada sin apresurar la llegada. Espero te encuentre de la mano con tu niño interno.

  Te quiere, Héctor...

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Encontrar lo que no se ha perdido...

Estoy seguro que cada quien tiene una repuesta diferente para una pregunta que muchos nos hacemos en algún momento de nuestras vidas, ya sea una sola vez, una vez cada 10 años, al cumplir 18, al momento de cualquier crisis de mediana edad, estando en un aeropuerto, mientras estamos de viaje, cuando pensamos en la familia, cuando dejamos de pensar en ella, cuando cenamos pizza con los amigos o sencillamente cuando nos sentamos a escribir cualquier cosa. Yo pienso en esa pregunta todos los días cuando me despierto, cuando me voy a dormir, cuando salgo a correr, cuando hablo con mi papá, cuando estoy con mis amigos, cuando estoy solo. Siempre.

¿Qué quiero? y ¿Qué me motiva a conseguirlo? No pasa un sólo dia en que no me pregunte eso y creo que me lo preguntaré todos los días hasta el día en que no pueda pensar de manera coherente o el día en que sólo deje de pensar. La mayoría de las veces me doy cuenta que algunas cosas que quiero son intrascendentes, ya sean materiales, espirituales o personales. Es un peligro, este ciclo de preguntas y respuestas, porque me doy cuenta que me aleja de las cosas que realmente quiero. Por otro lado, también me doy cuenta que al preguntarme todos los días lo mismo, quizá lo único seguro es que no esté claro del todo o que si esté claro en algunas cosas, pero que sencillamente no lo he conseguido completamente.

Hay preguntas que no deben hacerse, o deben hacerse con mucha precaución o de lo contrario podría uno terminar con una verdad dolorosa o incómoda. ¿Qué quiero? y ¿Qué me motiva a conseguirlo? Depende de cada quien. Muchos sólo quieren tener un carro. Otros una casa con piscina. Conozco algunos que en este momento quieren una mesa de futbolín. Los más complicados y creativos suelen darle un matiz más psicológico, metafísico o filosófico a las respuestas. Para parecer interesantes con los demás, consigo mismo, ¿quién sabe?. Yo a veces lo hago para esconderme de mis mismas respuestas. Porque me provoca un terror inimaginable saber qué preguntar y mucho más aún me provoca saber qué responderme.

Es como estar de pie y desnudo en frente de lo que uno busca por mucho tiempo. Parado, con frío, con asombro, con un sentimiento de triunfo pero también con incertidumbre, viendo a la cara de tus propias dudas e interrogantes, preguntándote por qué no te devolviste a la mitad del maldito camino cuando aún tenías oportunidad. Es estar en frente del Aqueronte mientras pasa Caronte haciendo señas. Estás aquí, ¿y ahora qué?, ¿sigues?, ¿te detienes?, ¿respondes?, ¿preguntas por alguna otra cosa?, ¿te devuelves arrepentido?

Yo en este punto envidio, sinceramente, a quienes se tienen respuestas sencillas, porque de aquí en adelante, para algunos, las dificultades son como en un videojuego mal hecho (o mal hecho a propósito), en donde las dificultades son "Beginner" e "Insane". Uno no tiene idea de las amarguras, sinsabores y tristeza que están por delante cuando uno se responde el ¿Qué quiero? y sencillamente no lo puedes tener. Tal vez sea por eso que muchos no se pregunten eso o sencillamente se conforman con lo primero que aparece o sucede. Envidio eso también, ese "defecto" de no ser terco para conseguir lo que uno quiere o desea, ese "mecanismo de defensa" que les permite evadir todo ese lastre de sensaciones negativas, dejarle al de atrás el peso saber la respuesta y no poder cargar con sus consecuencias. Defecto o virtud, mecanismo de defensa o cobardía. Cada quién que lo vea como quiera o como le resulte más cómodo.

Yo una vez encontré una respuesta a una de las tantas versiones de esa pregunta y por mucho tiempo me pregunté si era la respuesta correcta. Pasé un tiempo así y confieso que en esta oportunidad hubiese sido mejor haber quedado en el "What if?". Qué terrible esa sensación de confirmar que de hecho sí es lo que quería y lo que buscaba. Desahogarse y salir de dudas puede traer una sensación muy aliviadora, uno lo arriesga todo deseando que las piezas encajen en donde deban encajar, que los planetas estén alineados, que el universo conspire a tu favor y que toda esa palabrería que sabes no son más que una parranda de estupideces, sólo funcionen para ti esta única vez, porque estás tan pero tan seguro de todo que crees que esta es la única oportunidad en el millón que hay.

Y  mi terquedad me llevará una y otra vez a preguntarme: ¿Qué quiero? y ¿Qué me motiva a conseguirlo?, así me haya estrellado todas las veces anteriores, porque ese es el problema con las mentes inquietas y es que no hay forma natural en que permanezcan tranquilas, sin buscar lo que no se ha perdido, sin preguntar lo que no hay que responder. Si me preguntan ahora mismo ¿Qué quieres?, les diría: "La quiero a ella, la quiero a ella desde el día que la conocí. La quiero a ella desde que me hizo ver que podía conversar todo un día mirando directamente a los ojos de alguien, a sus ojos. La quiero desde que me dí cuenta que hizo de mí, una mejor persona".

Y si me preguntan ¿Qué te motiva?, les diría: "Todo".

Desayunando en otro país...

¡Vaya!, sabía que tenía tiempo sin actualizar mis entradas sobre mi viaje a China y apenas hoy reviso, y en dos días se cumplen casi DOS años desde la última vez que escribí al respecto. Pensaba que había sido menos tiempo, recuerdo que hasta tenía anotado en un papelito el título de todas las entradas que iba a escribir, pero lo perdí. Desde hace días tenía ganas de sentarme a seguir escribiendo para seguir contando todo acerca de esa maravillosa experiencia. Desde un principio lo quise escribir como una manera de ofrecerles, en imágenes y relatos, parte de esa experiencia que fue para mí, visitar el país de origen de mis padres y que también es objeto de infinita curiosidad para cualquier persona fuera de Asia generalmente. También quería registrarlo en letras para futuras lecturas propias, cuando la edad traiga consigo sus avatares, y para recordar lo que significó conocer China, y más que conocer China, conocer a mi padre y a esa familia que se quedó. Al sentarme y empezar, me di cuenta de lo importante de este pequeño ejercicio, tardé unos cinco minutos en tratar de recordar la fecha exacta de mi viaje, tanto así que tuve que recurrir a ver la fecha en los sellos de migración en el pasaporte. Eso fue después de la sorpresa de encontrar que lo último fue escrito hace dos años. Tamaña irresponsabilidad la mía. Seguimos entonces…

Hace par de escritos atrás comentaba un poco acerca del desayuno típico de las regiones cantonesas (Guangdong, Hong Kong), pero me resultó mucho más curioso el entorno que rodea ese momento. Mi papá salió de China y no volvió sino 30 años después y con nacionalidad venezolana, lo que hace que pierda automáticamente la nacionalidad china. Yo era una especie de semi-turista, conozco el idioma, la comida, las costumbres, pero nunca antes había estado en China, así que sentía una extraña sensación, como la falta de algo para sentirme natural en el sitio. Es lo mismo que siento cuando voy a un restaurant chino en Valencia, sé que el menú es el tradicional y me van a traer auténtica comida cantonesa, entiendo el idioma con el que me atienden y sé que el 98% de los comensales en el restaurant son chinos. Estoy casi en una embajada china, pero no. A estos efectos, mi papá y yo éramos una especie de turistas en China, él la ciudad que lo vió nacer y yo en una ciudad que sólo conocía por fotos y cuentos.

Teníamos varias opciones para ir a desayunar, que como mencioné anteriormente es una convención social de gran importancia. En el pueblo hay como unos 4 sitios decentes a los que se puede ir, pero la mayoría de las veces íbamos a la ciudad, que tiene más sitios, son más grandes y ofrecen mejor calidad. Salíamos en casa de mi tío, campo adentro, en moto, la dejábamos con un conocido y tomábamos un bus que nos llevara a la ciudad, en un viaje de unos 15 minutos. Era casi una faena diaria y que yo por supuesto disfrutaba al máximo. Desayunar así en Venezuela no es algo que pueda hacer todos los días y ahora ni siquiera semanalmente, así que aprovechábamos los ridículos precios de la comida.





Nos gustaban dos sitios particularmente y los alternábamos. Ninguno resaltaba particularmente sobre el otro, eran muy parecidos. Sitios grandes, con muchas mesas, los baños un desastre, el piso mojado, una nube de humo de cigarrillo, mucha conversación a alto volumen, en fin, lo normal. Entrar y sentarse no era problema, casi siempre estaba un tío que vive en la ciudad y llegaba desde temprano y tenía mesa. Me sentaba generalmente con 4 o 5 adultos.

Bastaba pasar la puerta de entrada para llegar a otro país y no me refiero a China sino a Venezuela. No sé si lo mencioné, pero los inmigrantes chinos en Venezuela son casi todos de Enping, un condado de la provincia de Guangdong, por lo que era normal que me encontrara a mis tíos que viven en Venezuela por la calle o en los restaurantes. Entonces cada vez que entraba a un restaurante o sitio público, mucho de lo que escuchaba era sobre Venezuela. Que si Chávez esto o aquello, que si las importaciones, que si el dólar, el calor de Maracaibo, el calor de Puerto Ordaz, el rollo equis con la aduana, etc…

Me sorprendía el hecho de sentirme como en un restaurant en Valencia pero con precios 20 veces menores. El rango de conversaciones era amplio, se comparaba, económicamente, todo lo que se podía hacer en China y en Venezuela. ¿Cuánto costaba este carro aquí y allá?, ¿En dónde salía más barato?, ¿Cuesta lo mismo calculando a dólar paralelo?, ¿Y aquella casa?, ¿O esta casa de 3 pisos?, Y sinceramente me hastiaba el hecho de estar sentado en una mesa escuchando vainas de Venezuela, cuando las vivo a diario. Salí de viaje para desconectarme y quizás considerar la idea de salir de Venezuela, no a China, pero utilizar el viaje como una herramienta de medición de desapego. Después de desayunar y probar cuanto plato se me acercaba, tomaba té y cuando ya estaba cansado de escuchar conversaciones sobre Venezuela salía un rato a la calle a contemplar la rutina diaria de una ciudad cuyo 99% de sus emigrantes se encuentran en Venezuela. Caminaba unas cuadras, me detenía, seguía caminando y aún así no sentía que estuviese fuera de Venezuela.

Luego de las primeras dos cuadras que caminé encontré un local grande, como un galpón, con muchas cajas embaladas en le entrada, una señora sentada en un escritorio en la entrada y unos muchachos moviendo cajas adentro. El aviso tiene una letras chinas (naturalmente) pero tienen escrito en español “Puerto Cabello - Venezuela”. Vi con más atención y resultó obvio que era una empresa de encomiendas por barco hacia Venezuela. Miro hacia el otro lado de la calle y está otro negocio que hace lo mismo, este un poco más pequeño. En total habían 4 negocios de logística y envíos hacia Venezuela en un tramo de dos cuadras.
Sigo andando y más adelante veo un taxi con una coctelera de bombillos LED que decía algo en chino y “Barquisimeto, Venezuela”. Preferí no seguir caminando y devolverme, no vaya a ser que me encontrara con una oficina del CNE o del SENIAT, con lo raro que estaba encontrando todo, seguramente me metía y les soltaba un “Epa guaro qué más…”

Al principio son curiosidades que resultan divertidas, pero llegó el punto en que me sentía atosigado por aquello de lo que quería escapar un rato. Por supuesto que la cosa no acabó ahí y luego me enteré de muchas más cosas, algunas divertidas y otras no tanto, por ejemplo, para papá y yo no era bueno andar diciendo que veníamos de Venezuela, porque por alguna razón asumen que tenemos dinero y nos podían cobrar más caro las cosas en todos lados. Supongo que era una versión china de la “viveza criolla”, cosa que no me extrañaría, con toda la transculturación que ha ocurrido aún con los métodos que se han puesto en práctica para evitarla…

Anteriores:

- Descubriendo China
- Cosa de inmigrantes
- El paseo de los muertos

Los puntos sobre las íes en Venezuela…

La verdad es que en mis redes en internet casi nunca me extiendo sobre los temas políticos de la actualidad en Venezuela, pero en estos últimos días han sucedido cosas que han llamado mi atención y junto con otras cosas que he ido destilando poco a poco durante un tiempo, decidí juntarlas aquí. No es un manifiesto ni una declaración de principios, mucho menos una guía de preceptos y concepciones sobre una serie de temas medio se tocan entre sí, o que mejor dicho se tocan mucho entre sí, porque aquí es así, aquí la política, o lo que está pasando que tenemos por política, une y desune todo.

La negación de los conceptos

Veo que muchas personas, niegan las palabras o calificativos que se utilizan para nombrar o describir ciertas cosas. Régimen es una de ellas y hasta fue una de las condiciones de Maduro para el “diálogo”, que no se refirieran a su pranato como un “régimen”. Según la RAE, régimen es: “1. m. Conjunto de normas que rigen una institución, una entidad o una actividad. 2. m. Sistema político por el que se rige una nación. 3. m. Modo regular o habitual de producirse algo. El régimen de lluvias no ha cambiado en los últimos año.” De modo que la sencilla pregunta que me hago es la siguiente: ¿Por qué existe aversión al hecho de referirse a este malandraje como “régimen”?. ¿Es que acaso el estar pendiente a toda hora, en todo sitio, de cualquier persona y ante cualquier situación no es vivir bajo un régimen? ¿Pasar horas en una cola por dos kilos de leche o dos kilos de carne no es estar bajo un régimen? ¿Pagar un taxi después de las 6 de la tarde, porque montarse en una buseta es robo seguro, no es estar bajo un régimen? ¿Estar sometido bajo una cadena de radio y televisión con insultos hacia todo el mundo no es estar a la sombra de un régimen?

Enseñanzas básicas de escuela, colegio, universidad y trabajo indican que aceptar los problemas es el primer paso hacia su solución, o lo que más se acerque. Así que para empezar a sincerarnos y hacer todo un poco más digerible, tenemos que aceptar las cosas como son, sean como sean y se vean como se vean. Vivimos bajo un régimen y cada vez que me refiera al bolibananerismo que tenemos por gobierno lo llamaré así, régimen, porque no gobiernan, se imponen.

Otra frase que muchas veces utilizamos para referirnos al país es “país de mierda”, así a secas, o cualquiera de sus variantes. Yo antes no lo hacía y hasta me molestaba un poco con las personas que lo hacían, me ponía romántico y ofrecía unas explicaciones dentro de un rango de sensatez aceptable sobre el por qué estaba como mal decir eso. Luego me di cuenta que estas personas realmente estaban en lo cierto, que ya no era una cosa de un momento de arrechera porque un pajúo se comió la luz y casi te atropella o porque hayan robado a un pana o porque un pana se haya ido del país. Naturalmente me sentí mal y obviamente siento que les debo una gran disculpas a esas personas, porque ya sentían con conocimiento de causa lo que es este pozo, es, invariablemente, un país de mierda. Y aquí hay que ahorrarse las tonterías del “no hables mal del barco, habla mal de los marineros” y todas esas sandeces, esas líneas aplican a países en donde hay tendencias hacia la recuperación y estabilización de la normalidad. Aquí no. De hecho es un país de mierda con personas de mierda. No es un buen país con mala gente o un mal país con buena gente, es, lo repito para sentirme bien, un país de mierda con personas de mierda.

Es igual con la palabra “tierrúo” o “marginal”, que muchos se reservan el derecho de proferir por temor a ser mal vistos. Ciertamente la primera, mediante su uso discriminado, otorga una connotación negativa tanto a quien la recibe como quien la profiere, no por ello aquellos quienes la merecen dejan de serlo o quienes la profieren con derecho deben sentirse mal. Si vives en una zona que consideras buena, de clase media alta o lo que sea, pero un vecino tuyo se traga una luz, se para sobre un rayado, no recoge la mierda de su perro o se adueña de los espacios comunes, ese vecino es un tierrúo y es un marginal y a nadie debería sentirse mal por referirse así a otros cuando su comportamiento así lo demuestre. Hay que terminar de comprender que las personas que viven y se desempeñan al margen de los contratos y normas sociales básicas son la mayoría, en este y en cualquier otro país. La única diferencia es que acá no se castiga, muy por el contrario, se premia la indiferencia, el irrespeto y el abuso agregándolos como cualidades excepcionales dentro del ya colorido gentilicio venezolano. Hay que comprender que si uno se considera gente de bien, decente, con principios básicos y respeto por la más mínima norma social, se debe poner tierra entre esas personas y uno. Te puedes tomar las birras con esas personas, están entre tu familia, la familia de tu novia, tus panas de toda la vida, tus colegas de la oficina, tus panas del running o tus contactos de Twitter, pero hay que aceptar que las malas semillas están en todos lados y se multiplican más rápido de lo que uno cree.

Y lo voy a decir para que no vayan pensando que pienso así, personas de mierda, tierrúas y marginales hay en todos lados, barrios, urbanizaciones, colinas, cerros, norte, sur, este, oeste. Gente buena también hay en todos lados, yo mismo me crié con dos personas que viven en barrios humildes y fueron las que me educaron. No viví en los 60, 70 o 80 para saber si siempre fue así o antes si existía un país de gente buena con focos de personas malas, pero lo cierto es que desde hace algunos años la ñinguita de tejido social existente se desbarató y está lo que tenemos hoy y que mucho me temo llegó para quedarse. La mayoría no se siente cómodo llamando a este pozo “país de mierda”, porque le ha dado ciertas facilidades a muchas personas en ciertas áreas, una relativa buena educación, subsidios económicos y cualquier otra pendejada de papá estado. ¿Es un país bueno aquel que expulsa por medio del hostigamiento a sus personas más preparadas? ¿Es un país bueno el que te puede quitar todo en un segundo, sin derecho a compensación y mucho menos a pataleo? ¿Es un buen país aquel en donde existen ciudadanos de segunda y de tercera? ¿Es un buen país este que despidió a milles de empleados públicos a través de la lista Maisanta y Tascón? ¿Aquí en donde la delincuencia es un método de control social, apadrinado y equipado por el régimen, estamos en un buen país? ¿Aquí en donde nació Bolívar y las plazas que llevan su nombre son más descuidadas y abandonadas que en los otros países de Latinoamérica y el mundo? Si tu respuesta fue afirmativa en cualquiera de las preguntas anteriores, revísate. Ser nacionalista, apoyar lo hecho en Venezuela, enorgullecerse de haber nacido aquí pasa por revisar las patas cojas de la mesa, si es que alguna vez existieron algunas.

Si alguna vez esperas recobrar la normalidad para vivir en este país, te recomiendo analizar desde otra óptica todo lo que creas o no creas sobre Venezuela y otros países que hayas visitado y creas conocer y te vas a dar cuenta que hay muchas cosas buenas aquí, pero el poder arropador de todo lo que está mal se impone sobre todo. Si haces las paces con estas palabras y frases te aseguro que mañana cuando cuando el mototaxista saque el hierro para robar a un conductor, lo sabrás llevar mejor. En ese mismo orden de ideas y teniendo bien claro que vives en un pozo séptico, ya puedes tener una cabeza más fría resolver cómo irte o para pensar cómo coños trabajar y ganar en otras monedas si no te puedes ir, porque en este punto creo que la moneda de Zimbabue vale más. Yo desde que acepté todo como es me siento mucho mejor, me ha ido mejor en algunas cosas, en mi trabajo y en general organizo mejor mis ideas cuando el país o el gobierno tienen que ver. Eso no significa que voy a dejar de trabajar por mejorar el país o por lo menos lo poco que pueda alcanzar de lo que queda.

El neolenguaje chabomadurista

Otro tema que me causa preocupación es lo fácilmente maleable y manípulable que el amplio espectro de la sociedad venezolana con respecto al tema de la adopción del neolenguaje chabomadurista, entendiéndose por esto toda la andanada de remoquetes, adjetivos peyorativos, insultos, eufemismos y disfraces verbales que los voceros del madurato vierten sobre los medios y la población, situación que vió su epítome durante la enfermedad del finado. “Escuálidos” dijeron y luego “escuálidos” se llamaron a sí mismos los opositores.”Majunches”, “pitiyanquis”, “apátridas” y cualquier otra cosa también se autodenominaron luego y así, pareciera que con cada proceso electoral viene un nuevo sobrenombre, que luego los muy pilas opositores se adjudican con determinada confianza, como en un acto de rebeldía diciendo “aquí estoy y me resbala lo que me dices”. La propia competencia de ver quién llega el chorro más lejos. Estupidez plena y absoluta y luego dicen que están marcando la agenda del gobierno. Para lograr ser un agente de cambio, al nivel que sea, en el lugar que sea y con la ideología política que sea, lo primero que hay que hacer es dejar que su neolenguaje sea solamente para ellos, los que lo crean, difunden y etiquetan. Lo que me lleva al tercer punto, muy ligado a lo que ocurre actualmente. Naturalmente tiene que ver con el significado que le han embadurnado a la palabra “radical”. Tanto los ladrones enchufados del gobierno como los desubicados de la oposición.

“Radical” mata reclamo

Radical, según la RAE, tiene varios significados de los cuales extraigo los siguientes: “1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz. 2. adj. Fundamental, de raíz. 3. adj. Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático.” Vuelvo a plantearme unas interrogantes: ¿No son fundamentales los cambios que necesitamos, como país, como sociedad, como pueblo, políticamente, económicamente? ¿No debemos desterrar desde la raíz los problemas que nos agobian día a día? ¿Está tan mal visto que alguien se pare con una pancarta exigiendo seguridad, abastecimiento, papel para periódicos? ¿O es que esas necesidades son muy ínfimas para los deseosos de protestas con contenidos y con manifiestos dignos de pensadores de la ilustración?

Radical dijeron los del gobierno y entonces medio mundo se comió ese bozal de arepas. Yo no soy seguidor de Leopoldo López, no dudo que haya cometido sus actos de corrupción en el pasado, delitos por los cuales fue procesado e inhabilitado, pero le otorgo razón al proponer que hay que plantarse con firmeza y decisión ante los abusos de quienes están en el gobierno. Tomar la calle no es una acción radical, ni tampoco significa que vaya a terminar en un alocado rally hacia Miraflores con intenciones de 2002, eso o todos los que se oponen saben algo que yo no sé. La mesa tiene las patas cojas, pero no hay que terminar de darle la patada. Y si a ver vamos, radical fue Simón Bolívar que en su afán de liberar países cruzó con unos llaneros el páramo de Pisba. Unos carajos en sombrero y alpargata, que viven con 34 grados de temperatura diaria los hizo cruzar un páramo de 10 grados, en 1819 y a caballo. Salieron 3000 y llegaron como 1200. Entonces hoy es una acción radical y una aventura golpista salir con gente a exigir derechos, un mínimo de calidad de vida, el cese a la violencia, la impunidad, la escasez, el abuso partidista de las instituciones arrodilladas al partido de gobierno. No es muy diferente la situación hoy, es el yugo del gobierno que tiene los cañones, grupos paramilitares, hegemonía comunicacional, manejo y aplicación de leyes a discreción con o sin razón, y ¿entonces por eso no se va a hacer nada? ¿Qué es lo próximo, que el gobierno diga que es radical tener hambre y entonces no sea correcto comer porque es subvierte el orden constitucional?

Esto por supuesto que no desmerece las acciones de aquellos quienes están en otra vía, llámese electoral, pacífica, por la constitución, aumentando el apoyo de la base popular, preparando el contenido de un programa de gobierno, etc… Lo que está haciendo Henrique Capriles junto con sus seguidores y activistas me parece excelente, sea lo que sea que estén haciendo, con la intensidad y ánimo que sea. Es un trabajo de hormiguita, sin resultados inmediatos y con ganancia a largo plazo. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Por qué desde su acera se critica con tanta vehemencia las acciones de Leopoldo y compañía? ¿Son antagónicos los propósitos que persiguen? ¿Una idea de resolver los problemas que aquejan a todos es mejor que la otra? ¿Cada quién resuelve el problema dependiendo del color de su franela, si es azul, naranja o amarilla? ¿No se puede avanzar en lo socio-político con actos de manifestación en la calle en paralelo? ¿Y qué si en una de esas el gobierno recula en algo, como ha pasado con los motorizados? ¿No es mejor hacerle oposición al gobierno desde varios frentes?

En todo caso, en lo único que puedo recriminarle a Leopoldo López y MCM es haber llamado a su convocatoria #LaSalida...

Venezuela no tiene íes, pero si las tuviese, no tuviese el punto sobre ellas…hay que colocárselas.

El rostro de la bestia

No es la típica bestia con ojos penetrantes, colmillos, espuma brotando por el hocico y garras afiladas. Esta bestia es escurridiza, pasa por persona, viste casual, tiene un trabajo, tiene una familia. Es tu vecino, es tu familia, es tu compañero en la oficina, es el vigilante de tu conjunto residencial, es el de la bodega, es el que te vende el periódico en la mañana, probablemente eres tú también. Hay algo seguro y es que es venezolano.

Muchos han visto a los ojos de esta bestia, se mezclan sentimientos de euforia, alegría, tristeza, amistad, solidaridad, rabia…pero no hay que dejarse engañar, sólo hay maldad, vileza y resentimiento. Y últimamente son más frecuentes las series de sucesos que las juntan a todas para dar rienda suelta a su instinto más primitivo, a su lado más salvaje.

El estímulo pavloviano de hoy es mucho más sencillo: “Que no quede nada en los anaqueles“.

Y más que un estímulo, dispara también una condición de igualación social voluntaria. No importa si es rico o pobre, a qué estrato social pertenece, a qué partido político responde o en qué zona de la ciudad vive, todos se igualan sin recato al nivel de bestias. Bajo un ambiente festivo, con música a alto volumen, dándole vueltas a un disco con canciones de Alí Primera, las últimas canciones de campaña del finado y otras babosadas populacheras insoportables, la muchedumbre se arrejunta a las puertas de Daka, un establecimiento de venta de electrodomésticos a la espera del inicio del saqueo controlado y custodiado por los caporegime del madurato.

Se llenan la boca diciendo garantizar derechos al “pueblo“ (entre comillas porque está tan desgastada la palabra, que debo resaltarla no vaya a ser que se la tomen en serio), pero en el interín violentan más derechos. El derecho a la propiedad privada, al trabajo, al libre tránsito, al debido proceso. Van con son altanero y retrechero, atropellando y arrollando, creyéndose investidos con una autoridad moral incuestionable, convirtiéndose en una suerte de Robin Hood tropicales y de pacotilla, tirando el pan a la muchedumbre hambrienta y sedienta. Son los que defienden precios justos pero no garantizan costos estables ni insumos. Son los que defienden el maldito petróleo a 100$ y lo producen a menos de 10$. Son los que ahorran en dólares y llaman a la masa a ahorrar en bolívares. Son los que quieren controlar toda la producción nacional y no han sacado ni un pimentón del Valle del Turbio. Son los que pretenden controlar toda la importación del país y tienen buques esperando por semanas en los puertos. Son los que quieren controlar todas las cadenas de producción, distribución y comercialización de productos y no pueden manejar administrar una simple bodega. Son los que llaman a apoyar la producción nacional pero van en avión a hacer las compras en París.

Antes vestían de blanco o verde, hoy visten de rojo. Mañana, cuando el rojo no sea más que un mal recuerdo, seguramente vestirán de otro color.

Como prisioneros de guerra desahuciados, esperando una hogaza de pan...
Como prisioneros de guerra desahuciados, esperando una hogaza de pan... (vía @UNoticias)

Celebrando la derrota del capitalismo salvaje...
Celebrando la derrota del capitalismo salvaje... (vía @Naldoxx)

Reir la gracia a la sinvergüenzura...
Le ganamos a la burguesía parasitaria... (vía @Naldoxx)
Que no se malinterprete, esto es desahogo, no espero que esto sea una lección de moral, ni mucho menos espero que alguno de los buitres que tienen desde las 10 de la noche en cola lo lea y sienta vergüenza o pena. Es imposible, para una persona que descienda voluntariamente a las fauces de la barbarie y el salvajismo, sentir vergüenza o pena, están incapacitados para verse en la mierda en que están inmersos, están ciegos ante el desmoronamiento moral, incólumes ante el colapso del tejido social,  impávidos ante el crack de los valores. Es desahogo por tener asiento en primera fila para ver en vivo y directo la degradación voluntaria de la poca condición de ciudadano de las personas de esta nación.

Es desahogo porque se me considera burgués y sifrino por dar los buenos días, por dar las gracias, por hablar respetando las normas y las convenciones, por oponerme al desmantelamiento de las normas sociales, de lo establecido para la convivencia.

No hay excusas, no hay justificaciones, sólo una necesidad malvada y bien planificada de pan y circo para renovar la dosis semanal de anomia y oligofrenia, porque no vaya a ser que algún día en donde no puedan mostrar los colmillos y aguardar como buitres por unas miserables migajas entonces les de por pensar y ver que la mierda les llega hasta el hocico.

Si no está de acuerdo conmigo puede llamarlo envidia, resentimiento o como quiera, pero yo lo llamo vergüenza y para más inri, vergüenza nacional (si es que a alguien más le duele o le da asco).

Ahora pensándolo mejor, sí es la típica bestia, mostrando siempre los colmillos, con una rabiosa espuma blanca brotando de su hocico, a la espera para el acecho sobre el próximo a quién le vaya a caer el mazo de la autoridad, con cara de odio y resentimiento, sordo ante la razón, ofuscado ante la concordia, marcando su territorio con su camionetota o su carrito, defendiendo su condición de macho alpha con su equipo de sonido, esperando en cola para abalanzarse sobre lo que haya, esperando el estímulo del amo, actuando cual marioneta respondiendo a los hilos del nuevo status quo.

La medida del éxito

Después de una par de semanas relativamente difíciles en la oficina me ha tocado un fin de semana con bastante calma. Fui a Valencia a comprar víveres que me hacían falta en casa y he pasado un excelente rato familiar con mi primo, su esposa y la cuñada de mi primo. El dinero que se requiere para comprar todo lo que trajimos de vuelta no es poca cosa. Yo compré poco, unos tallarines, pasta de arroz y salsa de champiñones. Ellos mucho más. De hecho están en una posición que les permite hacer eso sin pensar en el impacto al bolsillo o a la cuenta bancaria. Es el esfuerzo de muchísimos años en un oficio que no es de mis preferidos: ser comerciante.

Acá en este país, ser comerciante se ubica por encima de muchos otros oficios en cualquier cantidad de factores o elementos que se te puedan ocurrir, económico, familiar, geográfico o social. Desde mi humilde punto de vista el económico es el principal factor. No necesitas una idea para un producto innovador o un servicio que pueda afectar el ritmo económico de una ciudad para lograr buena posición económica, social o familiar. Para muchos, comprar y revender algo basta para lograr unas metas bien definidas, dentro de lo que cabe, y lograr un sitio en una zona de confort acorde a sus necesidades.

Mis padres son comerciantes, mis primos son comerciantes, la mayoría de mi familia se dedica al comercio, de hecho todos en mi familia se dedican al comercio. Y a través del comercio se han establecido, han provisto a sus hijos de educación, techo, comida y las comodidades inherentes a los ingresos fijos de un negocio propio, aún con los contratiempos de tiempos presentes y no tantos. Creo que si se mide el éxito dentro de esas contadas razones, todos han tenido bastante éxito, producto de muchos años de trabajo y privaciones. Y si tuviese que definirlo pensando como ellos, sería algo como esto: “Tener un negocio para obtener ganancias que me permitan a mí y a los míos, aquí y en donde sea que estén, vivir con comodidad, sin que tengan que pasar todo el trabajo que pasé yo, que cada día para ellos sea más fácil de lo que fue para mí”. Es algo parecido a eso, suene simplista o no, y la verdad es que ese es el objetivo para la mayoría de las personas, proveer de comodidad, satisfacer necesidades básicas y calidad de vida a los suyos.

Yo decidí que eso no era lo mío, así que durante unos años mi definición de éxito fue separarme de ese camino fácil, de comprar y vender, de comerciar. Luego, éxito pasó a ser lograr entrar en la universidad que quisiera a la carrera que quisiera y sucedió. Dentro de la universidad éxito se convirtió en estudiar e investigar en áreas de la informática que no eran del interés común para ese momento, como las herramientas de código abierto, el desarrollo ágil, nuevos lenguajes de desarrollo y nuevos modelos de negocio en la tecnología y la informática. Mi papá creyó durante mucho tiempo que estaba estudiando para abrir un negocio de venta de computadores y partes, me tomó muchos años hacerle entender que eso no era así.

Tuve bastante éxito y desarrollé conocimientos que a posteriori fueron de suma importancia para mi primer empleo. Antes de finalizar la carrera ya tenía idea de lo que sería mi definición de éxito para mí cuando me graduase y buscara mi primer empleo. “No ser desarrollador o programador“. Tan sencillo como eso. Estudiar una buena carrera con un pensum anticuado es contraproducente hasta para el más apasionado. Programar se me hizo tedioso y aburrido principalmente porque se mostraba con un enfoque que era innovador en los 70 y en los 80, con conceptos tan anticuados y de libreto como: “resolver los problemas de las organizaciones mediante el uso adecuado de las tecnologías de información, optimizar el uso de los recursos y aumentar la eficiencia en las operaciones que involucren el manejo y manipulación de información“, que en la práctica se resumía en programar tonterías para Crear, Modificar, Actualizar y Borrar. Reinventar la rueda muchas veces, para un mismo propósito, pero con diferentes datos, en diferentes lugares y para diferentes propósitos.

En la época de la masificación de los dispositivos embebidos, el inicio de la dominación de los smartphones y la proliferación de startups de tecnología, el pensum aún creía importante los conceptos de Basic y Fox Pro. Así que decidí no saldría a programar. También tuve éxito, relativo y más moderado, pero éxito al fin. Me dediqué a administrar sistemas, servidores y trabajar con sistemas operativos basados en Linux. Me gustaba reutilizar y no reinventar, tomar varias piezas de varias partes y armar un todo que resolviera problemas específicos para las organizaciones y las personas. Desde un principio tenía definido que mi primer empleo iba a ser también mi último empleo, primero porque este no es país para ser empleado y segundo porque el éxito es seguir decisiones propias y no órdenes de otros. Era un trámite y uno que cumplí con bastante gusto.

Uno de los principales objetivos de ser empleado es saber lo que no debes hacer cuando llegues a ser jefe, patrón o tengas un grupo de personas bajo tu responsabilidad, liderazgo o cualquier faceta que desarrolles al llegar a los niveles superiores. Creo que es un trámite necesario para cualquier persona que aspire a tener algo propio en cualquier área, sea un consultorio médico, sea una multinacional de industrias alimentarias o un kiosco de empanadas de cazón, y también creo que la mayoría de los negocios fallan porque se ha obviado este paso.

Volviendo al tema, mi próxima definición éxito era tener una compañía de tecnología propia. Primero pensé en seguir con lo que hacía en mi empleo, que seguramente no me iba a dejar mal parado, pero como la velocidad de los avances en la tecnología es una cosa impredecible, redescubrí la diversión en ser desarrollador y programador, pero para aplicaciones móviles. Se aleja diametralmente de la imagen anticuada de la academia y coloca de nuevo en primer plano la utilidad de los conocimientos para crear y no para recrear.

Ahora dedico mi tiempo y esfuerzo al éxito de la compañía y espero que algún día sólo pueda dedicarme a desarrollar y crear herramientas que representen un desafío, que me divierta haciéndolas, que me hagan estrellar la cabeza cuando no corran, que los demás me feliciten cuando lo haga bien, que pueda palpar con mis dedos el producto de incontables horas de trabajo, que después de muchas tazas de café se haya logrado algo que antes no existía, que el trabajo de otras personas se haga mucho más fácil por algo que yo haya hecho. Esa es más o menos la medida del éxito que estoy persiguiendo ahora y creo que lo será por bastante tiempo.

Ahora mismo vivo con la felicidad de la incertidumbre del mañana, sin siquiera tener imaginar que en algún momento cercano tenga que cambiar las metas que hoy persigo ni redefinir mi actual medida del éxito. No hay plan B, no hay fase de prueba, no hay versión beta.

Lograr algo estable que pueda mantener una familia en un futuro, lograrlo antes de los 30, probarme a mí, a mis padres y a mi familia que sí existe una mejor manera para lograr la estabilidad y la prosperidad. Tomar el camino más empinado y con más obstáculos, ser jefe, hacer las veces de programador, disfrazarse de vendedor, hacer estimaciones económicas, olvidarse de 15 y último, olvidarse del 8 a 12 y 2 a 5, olvidarse de los fines de semana, ser del tamaño de las responsabilidades adquiridas, ser aún más grandes cuando se fallamos en ser responsables, ser humilde cuando se triunfa.

Todo es mucho más difícil desde que decidí ser toda la empresa, pero también es mucho más satisfactorio sabiendo que cada paso que doy es mi decisión y sólo mía.

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CCDD...

Pudo resultar una casualidad que llegando justo yo de un viaje, de mi primer viaje, fuera de Venezuela, haya estallado la viralidad del mentado video, no lo sé, pero lo que sí sé es que los chamos alborotaron el avispero con respecto a un tema que tarde o temprano nos ocupa. Yo, al igual que muchos de los que he leído opinando acerca del video, he despedido a muchos amigos. Lloro al pensar que hacen maromas para estar estudiando o trabajando afuera, viviendo con lo justo pero viviendo seguro. Nadie es moralmente superior a nadie. Si hay algo que aún podemos hacer acá, es decidir quedarnos o irnos. Recriminar cualquiera de las dos decisiones es una bajeza y plena estupidez.

No es un documental porque de haberlo sido se les cae toda la tramoya en el acto primero. No tienen pelos en la lengua y lo defienden como un proyecto de unos chamos para una universidad. Bravo. Que sean sifrinos, no sé, no me consta.  Aunque por las apariencias yo apuesto a que sí y sobrado. Que no salgan del este este o este centro tampoco me consta, no los conozco. Aunque, de nuevo, por las apariencias voy a que sí y sobrado. Que sean hijos de papá y mamá, mucho menos lo sé, parecen serlo. Ninguna de esas 3 cosas me interesa, aunque si me ponen a escoger yo escojo obviarlas porque detesto a las personas que presentan cualquiera de esas características, al detal o al mayor, una o las tres. Pero no, ese no es el punto y es ahí en donde se afinca el 90% de la cayapa y eso sencillamente está mal. Lanzamos unos chistecitos, algo de humor negro, pero el ataque personal está fuera de lugar.

Los chamos pecan, sí, pero que los demás ataquen las apariencias es aparentar inteligencia, criterio o juicio. ¿En donde pecan? Primero y más obvio, en banalizar una situación y un tema tan delicado como la emigración y encerrarlo entre paredes simplistas y a lugares comunes, aunque no menos ciertos, como la inseguridad y la calidad de vida. Si me dijeran que sencillamente quieren caminar sin mirar a todos lados, se los compro, yo también quiero hacer eso, y manejar bicicleta y patinar y acostarme en una plaza, pero ¿por qué quieren caminar por ahí a las 3 de la mañana? ¿Están de verdad tan imbuidos de ese lifestyle de E! Television, de la rumba en Ibiza, salir borrado de la pea de una disco e irte a tu casa? ¿Por qué no me dicen que quieren caminar de tu casa a un parque con tu familia?

Realmente yo no tengo problemas en que reduzcan todo a las actividades que a ustedes como grupo social, aparentemente, son las que le resultan atractivas social o económicamente y es ahí en donde veo el segundo error, su intención de englobarlo dentro de Caracas en su totalidad. Quizá es sólo un título sin mucha atención, pero al estudiarlo en profundidad es bastante incorrecto. En Caracas, y en el resto de Venezuela, conviven muchos estratos y muchas clases, desde los chavistas que creen que los ricos van para el Sambil hasta los chamitos que tienen que subir una bombona de gas al cerro para que su mamá les pueda cocinar. Y esto se los digo sin ninguna intención de ofender, a ustedes no les hace falta calle, a ustedes les falta mundo o por lo menos conocer gente que sepa de mundo, que sepa cómo se vive o se desvive en otras partes, que sepa como se trabaja mucho para ganar poco, para que tengan una comparación acerca de lo que es vivir en una verdadera crisis. No digo que la nuestra no la sea, pero para personas acomodadas como ustedes, aparentemente, hablar de crisis está realmente fuera de lugar, porque apuesto que ustedes al llegar a casa tienen sus 3 platos de comida caliente o mejor aún, pueden salir y comprarla en donde sea. Sé de personas cercanas que para almorzar tenían sólo una patata sancochada en agua dulce.

La tercera falla está en los chamos. No son humildes. Están en los inicios de sus veintes y difícilmente pueden tener un criterio tan amplio como para pensar que antes las cosas estaban mejor, ahora están peor y mañana se incendiará el país. Este país siempre ha sido violento, sí, sólo que ahora esa violencia está exacerbada con Chávez y su desastre, que para mal de males, son la única “política” que conocen en su vida adulta. No tienen espacio para comparaciones. Aún así, se les siente como si hablaran desde la experiencia de quien ha vivido mucho más tiempo. Error.

En todo caso, no los critico a ellos ni a cómo quedó el video, sino a esa intención de engrandecer y estampar su impronta en un tema tan delicado y sensible. Para eso necesitan profundidad, conocimiento y humildad, sus tres fallas más visibles.

El paseo por los muertos...

Una de las cosas que muy tarde quería hacer era conocer a mis abuelos. Desafortunadamente, para cuando mi hermana viajó el año pasado ya no estaban. Los triste es que nunca tuve la oportunidad de hablar mucho con ellos, de hecho creo que hablé con mi abuelo por parte de mi mamá una sola vez. Tampoco supe cuando murieron. Una de las cosas que quería hacer era vivir de cerca la celebración del día de los muertos acá en China, en el campo, de la manera tradicional. Quería empezar a pagar esa deuda personal por distanciarme de mi familia.

La celebración de los muertos toma algo así como un mes, que empieza finalizando Marzo y durante el mes de Abril según entiendo, eso o es alguna fase del calendario lunar de los chinos. Mi papá y mi tío fijaron el domingo para ir. El viernes y el sábado se compraron algunas cosas como el vino de arroz, unos huevos, fuegos artificiales, un lechón asado y unas galletas de harina de arroz de textura gomosa y sabor dulce.

De acuerdo a lo poco que he visto, para cualquier actividad especial,  se acostumbra a reunir a todos los familiares y conocidos que viven cerca y se desayunan fideos antes de empezar. El compromiso de unos novios, el regreso de un familiar tras una larga ausencia (como mi papá el año pasado) o la muerte de alguien pueden ser alguno de los motivos. Supongo que es una actividad para reafirmar la unión y la fortaleza ante eventos desafortunados o compartir la alegría de unos pocos con muchos.

Antes de partir, llevamos las ofrendas hacia las casas en donde vivieron nuestros familiares, que quedan relativamente cerca. Son casas que creo que deben llegar ya a los 80 años. Entramos primero a la de mi abuelo y ahí estaba un altar con un mensaje, inciensos viejos y lámparas rojas a los lados. Ofrecer los respetos a los fallecidos es un ritual que consiste en colocar ofrendas delante de ellos, encender unos inciensos, hacer unas reverencias y finalmente encender los fuegos artificiales, similares a los triqui-traquis. Las ofrendas son para representar lo que en vida significa la unión de la familia y de los amigos, el centro social y el lugar en donde se demuestra la generosidad de la persona: la mesa. Para los chinos, el acto de comer es más que satisfacer la necesidad fisiológica de la alimentación, es el momento de compartir, de intercambiar, de conocer a sus pares, de demostrar la bondad en el corazón. Es por ello que al que no está físicamente, se le ofrece un banquete, para honrarlo con generosidad y desprendimiento. Un ganso asado, pocillos con licor de arroz, palillos dispuestos en pares, las galletas dulces de consistencia gomosa, un huevo sancochado, el lechón asado, una gallina sancochada y si mal no recuerdo, las vísceras de algún animal.





Partimos en varias motos, unas cargando a los niños y otras con las ofrendas y el resto de las personas a pie. Al principio pensé que iríamos a un cementerio, pero no fue así. Fuimos campo adentro, por caminos de tierra que descubren campos de siembra de arroz y de vegetales hasta donde alcanza la vista, lagunas de cría de peces y criaderos de gansos. La primera parada al poco tiempo de empezar el recorrido fue al lado del camino de tierra. Me preguntaba por qué nos deteníamos y ahí estaba un montículo de tierra, tenía una especie cubierta como un sombrero hecho de paja y de tierra. Entre esa cubierta y el montículo de tierra se encuentran unos papeles blancos, supongo que para indicar la presencia de una tumba. Entre la tumba y las ofrendas se colocan muchos inciensos en fila y se repite el procedimiento de colocar las ofrendas, esta vez encima de un cartón a falta de la mesa. Cuando todo está colocado los presentes hacen reverencia ante el fallecido, generalmente tres veces. Después de que todos lo hayan hecho, se enciende un paquete de fuegos artificiales, se recoge todo y se camina hacia la tumba siguiente.

Durante el recorrido me enteré que antes era costumbre enterrar a los muertos en urnas y que pasados unos dos años se desenterraban y se cremaban los restos, se colocaban en una vasija y esa vasija es la que se encuentra en las tumbas marcadas con papel blanco. Después a Mao se le ocurrió que los entierros eran muy costosos y que los cuerpos debían ser cremados inmediatamente, aunque “su cuerpo“ esté cómodamente embalsamado en un mausoleo, contradicciones típicas de los que ejercen el poder.

Hasta completar nuestro recorrido se puede apreciar por todos lados las tumbas en donde descansan los fallecidos. Algunos tienen tumbas más ostentosas que otros, pero generalmente son como los montículos de tierra. No dejamos de escuchar a distancia los fuegos artificiales de otras personas celebrando a sus muertos.





La última parada del recorrido nos deja carca de la casa y antes de regresar hay que terminar con el ritual. Buscamos un sitio con bastante sombra y descansamos de larga caminata. Uno de los acompañantes del viaje empieza a picar el lechón por el costado, la parte más delgada de su cuerpo, y pica en trozos pequeños que debemos acompañar con las galletas dulces. Al contrario de lo que puedan pensar, el sabor resultante es muy bueno, tanto que repito. El licor también se comparte entre los que toman. El único sentido que le consigo a todo esto, es que ofrecemos el banquete a los antepasados y al final lo consumimos para atraer o conservar sus esencias dentro de nosotros. Es un rito que se repite anualmente y desconozco si en otras partes de China será igual. Lo cierto es que encuentro muy motivador y enriquecedor conocer esa parte de la cultura china, la manera de recordar y mantener viva la memoria de aquellos quienes no ya están, verlos conversando acerca de ellos, sus vivencias, sus recuerdos…es una llamada para no desperdiciar nuestro tiempo mientras vivimos y que cualquier momento que se comparte con la familia, bueno o malo, es un buen momento. Me gustaría repetir esta experiencia.


Cosa de inmigrantes...

  Una vez en la terminal de Shenzhen empiezo a recibir las advertencias de mi papá. “Pendiente de las maletas”, “No es como en Hong Kong”, “No te vayas lejos”. En Hong Kong salimos con las maletas y nadie se molestó en chequear a la salida si habíamos tomado la que era nuestra o si alguien sale con algo que no le pertenece. Mi suposición fue que todos son correctos y se gobiernan dentro de su propia conciencia. Cuando me advierten que debo empezar a tener cuidado una vez en territorio continental debo bajarme de la nube y resignarme a que no todos son viajeros primerizos, o frecuentes. Hay mucha gente que se mueve diariamente entre Hong Kong y China, a veces no todos son lo decente que uno podría esperar. El bús hizo un par de paradas antes de llegar al llegadero, en cada una de ellas mi papá baja para asegurarse que nadie se llevara nuestras maletas a propósito o por equivocación.

  Y ciertamente, es esa costumbre general, de todos los inmigrantes supongo, de sentirse seguros entre sus paisanos en otro país. En Venezuela, todos los chinos saben que en presencia de sus paisanos encontrarán generosidad, ayuda desinteresada y amabilidad. Estar entre paisanos en China, resulta engañoso y aunque no nos ha pasado nada, hay cosas con las que no me siento cómodo. Cuando abordamos el bus, por ejemplo, estaba una pareja sentada en la otra fila y al rato se sube una señora y parece preguntarle algo al señor y de repente éste le forma un rollo a la señora y dedica como 5 minutos a vociferar palabras que yo solamente había escuchado en tono de broma o como un regaño menor, pero nunca antes lo había visto en esa magnitud. Supongo que lo que encuentro extraño es que un chino le arme un zafarrancho a otro, como dije, no estoy acostumbrado a eso porque nunca lo había visto. En todo caso, creo que todos somos mejores personas cuando somos inmigrantes…

  El trato hacia los meseros es también un tanto extraño. Los tratan mal, como si pertenecieran a una clase inferior. Les gritan a menudo y balbucean cosas sobre ellos cuando se van. No digo que en otras culturas no se haga eso, pero ciertamente se conserva mucho mejor el sentido de la discreción y del respeto. En la mesa las costumbres son tradicionales, golpear la mesa con los dedos cuando a uno le sirven té o declinar la oferta amablemente, servir primero a los mayores y ofrecer cigarrillo.

  Si bien las costumbres de etiqueta en la mesa son tradicionales, desde un punto de vista occidental, las costumbres higiénicas no lo son tanto. Siempre se acostumbra a comer bastante, comer es la manera de socializar y encontrarse con los amigos y la familia. La mesa es el centro de la acción social, ya sea tomando té en las mañanas y al final de la tarde o almorzando. En la mesa es habitual dejar los desechos de las comidas sobre el mantel, los huesos de las aves o pescados, vísceras o cualquier desecho. Antes de la comida se acostumbra a lavar con té los palillos, las tazas para comer y los pocillos para el té, de hecho siempre llevan un recipiente extra para el té que resulta de la “limpieza”. En las “casas de té” o los restaurantes hay una persona cuyo único trabajo es pasar por las mesas llenando con agua caliente las jarras de té.





  Tomar el té significa eso precisamente, y siempre se acompaña por dimsum, que se hace todos los días, para el desayuno y merienda en las tardes. Lo más común son los panecillos de cerdo (cha siu bao), de vegetales (choi bao), pasta de granos de soya dulce, bollitos de cerdo (siu mai), de camarón (ja kou), pasta de arroz (chon fun), bollitos dulces con relleno salado (jaam tsui kok). Una tanda para 5 persona resulta relativamente barata, variando entre los 15 y 20 dólares.

  Con relación a los precios, me enteré que en la ciudad en donde estoy, Enping, todo es un poco más caro que en otras regiones similares, ya que es una localidad que recibe muchas remesas de los familiares que se encuentran en el exterior. Actualmente es un condado con unos 500.000 habitantes y se estima que alrededor del mundo hay unas 420.000 personas cuya ascendencia se remonta hasta esta localidad. También es un dato interesante que en Venezuela se encuentren unos 200.000 inmigrantes chinos provenientes de esta zona. En realidad el 99% de los chinos en Venezuela provienen de esta localidad, por eso es regular que en las reuniones sociales de los paisanos en Venezuela, casi todo el mundo se conozca. Siguiendo estos datos ofrecidos por la prohibida Wikipedia, no resulta extraño notar ese comportamiento del mercado en esta zona, siendo las bienes raíces el sector con mayor demanda y el oficio de albañil el mejor pagado. Mucho de los inmigrantes que tienen sus inversiones en Venezuela envían sus remesas para comprar terrenos y levantar edificios de 4 pisos para todo el núcleo familiar. En todas las localidades es común ver las casas viejas y los edificios nuevos…